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¿Qué es un diario de gratitud? Significado y cómo funciona

Llevar un diario de gratitud consiste en escribir con regularidad cosas concretas por las que sientes agradecimiento; lo más habitual es una breve lista de tres cosas.

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Llevar un diario de gratitud consiste en escribir cosas concretas por las que sientes agradecimiento, con una frecuencia que mantienes. El diario de gratitud es el soporte donde las escribes. La misma expresión se usa para ambas cosas, y ninguno de los dos significados es más oficial que el otro.

Esa es toda la definición. Una entrada es menos de lo que la expresión sugiere: tres líneas, dos minutos, casi siempre antes de acostarse. El formato varía: cada noche o cada semana, tres cosas o cinco, una aplicación o las últimas páginas de un cuaderno. Esas variaciones importan menos que seguir escribiendo al cabo de un mes.

Lo que podría contrarrestar es el sesgo de negatividad: la tendencia documentada de los sucesos desagradables a afectarnos más y durante más tiempo que los agradables de la misma magnitud. Por eso, las cosas buenas siguen ocurriendo a un ritmo normal, pero nunca quedan registradas.

Qué muestran las investigaciones y qué no

La evidencia más conocida procede de tres experimentos de Emmons y McCullough, publicados en el Journal of Personality and Social Psychology en 2003. Los participantes enumeraban cosas por las que sentían agradecimiento, cada semana en el primer estudio y a diario en el segundo, y se comparaban con grupos que enumeraban contratiempos o sucesos neutros. Los grupos de gratitud obtuvieron mejores resultados en varias de las medidas evaluadas, aunque no en todas. Los autores describen el efecto sobre el afecto positivo como el hallazgo más sólido. Una vez por semana. Unos minutos.

Seligman y sus colaboradores realizaron en 2005 un estudio por internet con seis grupos, aleatorizado y controlado con placebo, en el que compararon cinco ejercicios para aumentar la felicidad con una actividad de control verosímil. Uno de los cinco consistía en escribir tres cosas que hubieran ido bien cada día. Tres de los cinco produjeron aumentos duraderos de la felicidad y reducciones de los síntomas depresivos. El resumen publicado no indica cuáles fueron esos tres, así que una lectura rigurosa es que se puso a prueba un ejercicio de este tipo en un diseño controlado y que ese diseño detectó efectos duraderos en algunos de sus grupos.

Las revisiones marcan el límite de lo que podemos afirmar con rigor. El metaanálisis de Davis y sus colaboradores de 2016 comparó los ejercicios de gratitud con dos tipos de control. Frente a una actividad alternativa, obtuvieron mejores resultados en bienestar psicológico, con una diferencia estandarizada de 0.17: pequeña. Frente a una actividad de comparación psicológicamente activa, es decir, un ejercicio con efectos propios, quedaron al mismo nivel. La revisión de Wood, Froh y Geraghty llegó al mismo punto por otra vía: calificó las intervenciones de gratitud de prometedoras, pero señaló que la literatura sobre psicología positiva había tendido a pasar por alto sus limitaciones.

Así que la afirmación que merece la pena hacer es limitada. Escribir estas cosas es mejor que no escribir nada, por un pequeño margen, en cuanto a cómo dices sentirte. No es un medicamento, no es terapia y no sustituye la atención profesional cuando la necesitas.

Cómo hacerlo sin abandonar

Lo concreto funciona mejor que lo exhaustivo. «Mi pareja me preparó un chai sin que se lo pidiera» es un momento que evoca una imagen, mientras que «mi familia» es una categoría, y las categorías se olvidan fácilmente. Lo pequeño funciona mejor que lo ambicioso, porque la mayoría de los diarios se abandonan por exceso de ambición, no por falta de interés. Tres cosas buenas es el formato más habitual precisamente por eso.

Ser concreto también evita que el hábito pierda fuerza. Una lista con las mismas cuatro categorías todas las noches es la adaptación hedónica haciendo acto de presencia, como cabía esperar: dejamos de reparar en esas cosas porque dejan de ser novedosas. Nombrar algo concreto y dedicarle una oración, en vez de unas pocas palabras, se acerca más a saborear las experiencias positivas, y es la versión que sigue funcionando en la sexta semana. Las noches en las que no se te ocurre nada, lo adecuado es escribir una entrada más breve y más corriente, no saltártela.

Investigación

Preguntas frecuentes

¿Qué es un diario de gratitud?

El soporte —un cuaderno, una aplicación de notas, un formulario en el móvil— donde dejas constancia por escrito de cosas concretas que te alegran. No hay un formato obligatorio. Lo que lo convierte en un diario de gratitud, en lugar de un diario personal, es que todas las entradas responden a la misma consigna y se van acumulando, de modo que las de hace tres semanas siguen ahí para que puedas leerlas.

¿Qué significa llevar un diario de gratitud?

Se refiere a la práctica, no al cuaderno. Llevarlo es el acto repetido de sentarte con cierta regularidad y nombrar unas cuantas cosas concretas por las que sientes agradecimiento. Conviene mantener esta distinción porque hacerse con el objeto es fácil; lo difícil es la práctica. Comprar un diario lleva un minuto. Mantenerlo durante un mes es lo que realmente estudiaron las investigaciones.

¿Llevar un diario de gratitud funciona de verdad?

De forma modesta, y la respuesta rigurosa incluye cifras. Los experimentos de Emmons y McCullough de 2003 encontraron un mayor bienestar en varias de las medidas evaluadas, aunque no en todas, y el efecto sobre el afecto positivo fue el más sólido. El metaanálisis de Davis y sus colaboradores de 2016 halló que los ejercicios de gratitud superaban a una actividad alternativa en bienestar psicológico con una diferencia de d = 0.17, pero no daban mejores resultados que una actividad de comparación psicológicamente activa. Un efecto pequeño y real sería un resumen justo.

¿Qué se escribe en un diario de gratitud?

Cosas concretas, en la cantidad mínima que puedas seguir escribiendo. Tres líneas es el formato habitual. Lo concreto funciona mejor que lo exhaustivo porque algo específico evoca una imagen y una categoría no: el chai que alguien te preparó sin que se lo pidieras, en lugar de «mi familia». Un día en el que no se te ocurra nada, nombra algo pequeño y cotidiano en vez de saltarte la entrada.

¿Con qué frecuencia deberías escribir en un diario de gratitud?

Con menos frecuencia de la que imaginas. El primer estudio de Emmons y McCullough utilizó una lista semanal que llevaba unos minutos, y escribir a diario también funciona para muchas personas. La frecuencia que supera a ambas es la que puedas mantener incluso un martes difícil, así que elige la versión más sencilla y deja que la frecuencia se ajuste de forma natural.

¿Llevar un diario de gratitud sustituye a la terapia?

No. Lo que midieron estas investigaciones fue el bienestar declarado por los propios participantes, no los resultados de un tratamiento. Emmons y McCullough sí realizaron uno de sus tres estudios en un grupo con una enfermedad neuromuscular, pero evaluaron el estado de ánimo y la valoración de la vida, no la evolución de la enfermedad. Si estás lidiando con una dificultad persistente, es algo que debes hablar con un profesional, y un cuaderno no lo sustituye.